Una Historia Real Con La Ouija

Una Historia Real Con La Ouija

Esta es una historia real con la ouija, fue hace unos 40 años cuando a la edad de 11, nos juntábamos a jugar los amigos de la cuadra y yo, éramos como 7 esa ocasión, 4 niños y 3 niñas y uno de ellos tenía una tabla ouija que le habían comprado.

En ese tiempo no era tan prohibido el uso de la ouija como hoy en día por tantas historias que se cuentan por ahí, aunque no dejaba de dar cierto miedo e intriga su uso y sobre todo esa sensación de contactar con los espíritus a ver qué tan cierto es.

Nos pusimos todos de acuerdo y en la casa de una amiga hicimos la sesión espiritista cuando no había nadie en su casa, no era muy tarde, serian como las 8 de la noche, apagamos las luces y con unas 3 velas que acomodamos alrededor de una mesa, empezó la sesión.

una historia real con la ouija

Éramos 5 los que participamos y 2 solo veían, empezamos poniendo cada uno el dedo índice de una mano en el indicador del tablero, no recuerdo si era la mano derecha o la izquierda, pero eso era lo de menos estábamos muy emocionados y empezamos a preguntar:  ¿hay alguien aquí? Y después de unos 3 segundos el indicador se empezó a mover.

Se movía aleatoriamente hasta que se colocó encima de la palabra SI, todos empezamos a sentir un poco de miedo, el indicador se movía solo, nadie lo forzaba porque éramos 5 y si alguno lo hubiera hecho nos hubiéramos dado cuenta.

Es lo normal que el indicador se mueva solo, pero cuando realmente lo experimentas, se siente una sensación rara y un escalofrió que recorre el cuerpo; Después de que el apuntador se colocó en “SI” hicimos otra pregunta: ¿Quién eres? Y el indicador no se movió, cambiamos de pregunta y dijimos: si estás aquí manifiéstate, entonces la llama de las velas empezó a moverse como si alguien les estuviera soplando.

una historia real con la ouija

Se oyó un ruido, la llama de las velas se apagó, se sintió una corriente de aire y en eso alguien abrió la puerta de la calle, nos asustamos y dejamos la ouija a un lado, la guardamos y ya nunca volvimos a jugar.

 

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